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audio
hi end, audio hi fi :
una entelequia bifronte |
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La
alta fidelidad ha sido una de las primeras formas de "realidad virtual",
y a los equipos de sonido hogareños de alta performance se los suele englobar
en categorías relacionadas con filosofías de diseño, calidad final de sonido,
o precio.
Los mejores sistemas son los que nos acercan de manera efectiva al contenido
emocional, intelectual y físico de la música. ¿Qué trucos se emplean para
lograr este cometido? Síntesis histórica y panorama actual. |
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Entia
non sunt multiplicanda praeter neccesittatem, postula el ideario medieval
del eruditamente célebre Guillermo de Occam.
Borges, inefable, solía citarlo al primer atisbo de complicaciones innecesarias.
Sin embargo, el minimalismo filosófico está fuera de moda.
Los modernos tenemos un penchant tan "pseudo" por la hiperespecialización,
que andamos perdidos a través del laberinto de los compartimientos estancos.
Mueve a risa una definición de Coupland en su gran novela Generación X:
"pedantería musical". ¿Esto es pop o es rock; alternativa o mainstream,
grunge o power, hip hop o trip hop, jungle o dance a secas?. ¿Qué estamos
bailando, querida?.
Hay rótulos para todo, pero no ha muerto la ambigüedad. Con el audio, esquema
tecnológico destinado a reproducir el arte musical, ocurre algo parecido:
Hi Fi, Hi End, Mid Fi, Low Fi, analógico, digital. Cada vez que un periodista
o diseñador se pone lisérgico hay joda de contracciones, vulgarismos y definiciones
esotéricas. Trataremos de entender de qué se trata todo esto.
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Los buenos viejos tiempos
Fue
un jornalista el primero en acuñar la categoría que definiría
inicialmente a la actividad que nos concierne: alta fidelidad. |
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Corría la década del ´50. Los
nerds empleados en la industria de la defensa se habían quedado sin guerras
pero con exceso de tiempo libre. Necesitaban con urgencia un hobby. Para
esta gente creativa y audaz; el aburrimiento no estaba en la agenda. Como
paliativo del spleen se dieron a perfeccionar pasatiempos -la audición de
música era uno de ellos-: noble objetivo.
Cocktail parties en suburbia, calypsos y cha-chas con seducción tentativa
de mujer del prójimo. Crosby singing -while Bregman swings- "don´t spill
your Martini over my stereo".
Las experiencias de estos junkies de válvula termoiónica, whisky+soda y
giradiscos Garrard parieron una petit industria denominada "Hi Fidelity".
Los nombres de Saul Marantz, Avery Fisher y de otros iluminados llegan a
la memoria esquivando recuerdos de posguerra y bonanza económica: alquimistas
de una nueva era transmutando vinilo, electrones y esperanzas en música.
No es poca cosa.
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The times they are a changin |
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Hacia los sixties comienza el cambio. Bob Dylan dixit. La gente, que quiere
cosas rápidas y simples, impone la practicidad y la pequeñez. El audio de
los 50` era cosa de machos: ninguna caja acústica bajaba del metro ochenta.
Los amplificadores tenían fama de espantasuegras y aptitud para climatizar
el living. Hacia 1960 la necesidad de un cambio mental se hace patente.
Certera maniobra de marketing que salva del colapso a una industria en ciernes.
Pero a partir de aquí surgen las polémicas: amplificación a válvulas vs.
transistores; cajas de suspensión neumática (pequeñas) vs. pabellones y
bocinas (gigantescas).
Estas dicotomías tal vez resulten fútiles a los outsiders, pero de hecho
la confrontación aún continúa vigente: por un lado los defensores de la
excelencia a ultranza, para los cuales practicidad, tamaño y precio son
cuestiones accesorias. Y por el otro, la actitud racional hasta el absurdo
de quienes tienden a ver en lo nuevo la panacea absoluta que cure los excesos
del pasado |
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Ambas,
hay que admitirlo, son formas de no conocimiento. El sustento dogmático
de las dos posturas huele a fanatismo, y el justo medio es de difícil hallazgo.
Por otra parte, la industria huele el negocio y trata de potenciarlo. Comienzan
a generarse los ismos del audio. ¿Suena actual?. Vino antiguo en nuevos
odres. |
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Conciliación
de los opuestos |
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De
lo narrado hasta ahora podría inferirse maniqueísmo, una suerte de lucha
entre las fuerzas del progreso y las de la obscuridad fundamentalista. Error.
Por lo general las cosas no son tan simples; y es necesario reconocer que
la confrontación es benéfica. El triunfo de una tendencia sobre la otra
nos dejaría sin variedad, sin fortuna y sin avance.
La actitud de los recalcitrantes ayatolas del audio actúa de freno frente
al excesivo y autocomplaciente pragmatismo industrial. Por otra parte, el
sentido común de la industria ha evitado que la fascinación que ejercen
el audio (y a través de él, la música) quedara como patrimonio exclusivo
de oligarcas y fanáticos.
Gracias a esta interacción las cosas se perfeccionan. Jamás hubiéramos llegado
al grado de delicadeza actual, en lo que concierne a reproducción del sonido,
si hubiera triunfado alguno de los dos bandos. |
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Tendencias
de diseño actuales |
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Podríamos
utilizar el término filosofía en relación con estas cuestiones, pero tiene
demasiado aura, así que dejémoslo en tendencias. Para evitar el desmadre
óntico no utilizaremos demasiadas "categorías". La de Hi End es inevitable:
prácticamente se define por sí misma. Preferimos la versión utilizada por
algunos medios europeos, "alta fidelidad de excepción". Para los estratos
intermedios utilizaremos el término alta fidelidad a secas. Nos gusta: da
a entender que la lealtad al original es buena, pero no tanto como para
que la reproducción resulte idéntica a la realidad del evento reproducido
(tal cosa no ocurre ni siquiera en el Hi End).
Esta definición pareciera aceptar desde el vamos que la cuestión es perfectible;
la fidelidad es alta, pero no absoluta. De ello se puede inferir que el
audio no es un "fin en sí mismo", sino un medio tendiente a asistir a la
persona que desea acercarse al mundo de la música con los mejores elementos
tecnológicos disponibles. Algo así como una herramienta de buena calidad,
que si es correctamente utilizada será útil para cultivar los niveles de
apreciación intelectual y estética.
Por otra parte, los productos de baja calidad serán categorizados como tales,
a secas. No nos interesa ocuparnos demasiado de ellos. Para finalizar, los
patrones estéticos que guían el diseño industrial de los sistemas de audio
serán tenidos en cuenta de manera invariable. Merecemos objetos bellos.
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Alta fidelidad de excepción |
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Este
grupo engloba a una serie de productos en cuyo diseño las soluciones de
compromiso se reducen al mínimo razonable. El audio es una especie de ecuación
mercantil cuya solución depende de varios factores: el engendro debe funcionar
de la mejor manera, estar realizado con los mejores materiales disponibles
y, finalmente, debe venderse.
La alta fidelidad de excepción no escapa a la condición, por lo que es erróneo
suponer que estos ingenios sean los más perfectos que pueda desarrollar
el hombre. Son excelentes, eso sí. El límite está dado por el realismo comercial.
Imaginamos que la perfección más acabada -lo que se ha dado en denominar
"estado del arte"- tan solo es factible en ciertos instrumentos de laboratorio
desarrollados mediante presupuestos millonarios.
Los simples mortales no tenemos acceso a ellos, pues no están en el comercio.
En algunos aspectos, la alta fidelidad de excepción tiene conexiones innegables
con la vieja "hi fidelity" de los cincuenta. Los aficionados japoneses hardcore
muestran especial predilección por las bocinas exponenciales, los giradiscos
Garrard y la amplificación mediante tubos de vacío. |
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Asimismo
se detecta una revalorización del disco de vinilo, el cual ha adquirido
status de culto en ciertos círculos. Por otra parte no todo es nostalgia:
en este estrato son comunes las realizaciones de rigor tecnológico supremo,
mediante la implementación de sistemas digitales de altísima resolución
basados tanto en CD (lo habitual) como en DVD-audio (todavía en pañales).
Las cajas acústicas pertenecientes a esta franja suelen ser un tour de force,
en cuyo diseño siempre hay lugar para la inventiva y la fantasía: química
exótica, maderas nobles, biosíntesis, artes aplicadas y locura. Lo mismo
vale para la amplificación, sea mediante válvulas o mediante semiconductores.
Hay una tendencia filoamericana de diseño cuyo denominador común pareciera
ser el exceso.
En los catálogos es habitual el término "sobredimensionamiento", lo que
nos remonta al equivalente automovilístico paradigmático Cadillac, al rascacielos,
al Space Shuttle. Las realizaciones de Mark Levinson, Krell, McIntosh o
Avalon, por poner a unas pocas, dan buena idea de ello. Los europeos escapan
apenas a esta dominante, aunque el exceso es menos pirotécnico y queda reservado
a firmas como la suiza Goldmund o la danesa Gryphon. |
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Los
germanos son bastante afectos al ideograma nieztcheano y al wagnerianismo:
los sistemas mbl tope de línea quitan el aliento; una especie de idealización
de la demasía cuyo poder de seducción es supremo. En Francia hay cierta
mentalidad carteso-epicurea; una especie de sincretismo entre locura y razón
que los ha llevado a un lugar de preeminencia en la alta fidelidad. La parlantería
de la firma Cabasse es buen ejemplo de ello, junto con JM lab, Yves-Bernard
André (nèe YBA), etc.
Los italianos realizan excelente hifi, con un toque báquico y sensualista.
Sonus Faber, Concerto, Chario y RCF suelen deslumbrar al mundo con realizaciones
impecables. El Reino Unido es un caso aparte. Allí se mira al Hi End extremo
con cierta cautela, producto tal vez de la mentalidad flemático-presbiteriana,
que desconfía del exceso. Ello no presupone inmunidad al virus: casi todas
las marcas británicas de calidad (Tannoy, Linn, Meridian y muchas otras)
exhiben como tope de línea productos inquietantes y realizados con un mínimo
de concesiones. Japón....Japón es un misterio.
Constantemente se le pasa la factura a la industria del Imperio por haber
vulgarizado el audio. Este lugar común esconde cierta dosis de envidia comercial,
debida a la virtud de los productos japoneses para imponerse competitivamente
en occidente. |
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Así
y todo, gracias a ellos infinidad de personas pudieron acercarse a la reproducción
musical de calidad. Allí no todo es mercadería de utilización masiva: las
empresas grandes suelen desarrollar líneas de productos alucinantes pero
reservadas para "consumo interno".
No sabemos bien cuales son las razones que impulsan este fenómeno. Tal vez
exista un arreglo destinado a no desbaratar el mercado occidental en lo
que respecta a bienes de consumo de precio elevado; tal vez sea cuestión
de celo por la exclusividad de diseño. Imposible saberlo. De cualquier manera,
las realizaciones extravagantes de firmas como Pioneer serie Reference,
Sony, Luxman y otras son para investigar.
En cierta forma, el Hi End es uno de los últimos refugios del detalle artesanal,
de la producción industrial esmerada. Vale la pena comprobarlo; y tal vez
sea este uno de los elementos fundamentales de diseño. No son elementos
de producción masiva: las empresas se enorgullecen de la edición limitada,
de la exclusividad, de la elaboración manual. Y como estos factores pueden
darse en cualquier latitud, existe una alta fidelidad de excepción de la
periferia. A determinado nivel de precios no cuentan ni el volumen de ventas
ni la masividad, por lo que el manejo de los contenidos tecnológicos necesarios
para realizaciones de este tipo es viable aún en países en desarrollo. Caso
típico es Australia (Dunlavy, Metaxas).
Algo también se cocina en Méjico y en Brasil. Aquí en Argentina sobresale
Holimar, que es secundada por algunas empresas menores. Hungría tiene una
marca llamada Etalon, muy interesante. No conocemos exactamente el estado
del arte en Rusia (lamentablemente en fase involutiva) ni en otros sitios.
Prometemos investigar a respecto.
Alta fidelidad a secas: refugio del hombre sabio
Según
mi experiencia, a la mayoría de las personas instruídas les resulta excesivo
el enfoque Hi End. No por ignorancia, sino porque ven con recelo el hiperinterés
del audiófilo fanático, personaje que se presta a un estudio sociológico
profundo: rituales obsesivo-compulsivos, dogmatismo y altanería. Otro hecho
cierto: algunos productos de excepción son feos y demasiado voluminosos.
Se limitan a un mínimo de comodidades, como si se tratara de enfatizar que
están destinados al connoisseur penitente.
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Para
suavizar aristas, la revista norteamericana Stereophile define al Hi End
como una instancia cuya realidad está basada en el nivel de comunicación
musical que sea capaz de entregar un aparato de audio, sin considerar el
valor. Este enfoque es correcto en lo político, pero pasa por alto el hecho
de que muchas personas suelen juzgar el mérito de las cosas por precio o
tamaño.
La alta fidelidad a secas constituye una instancia en la cual el sentido
común, la conveniencia y la calidad confluyen para dar como resultado una
serie de productos de llegada más extensa (pero no masiva) que la del Hi
End. Es en esta franja donde se concentra el grueso de la innovación tecnológica
y estética. Se trata de un sector amplio, y en él cabe de todo, como en
la maleta del sastre.
Algunas realizaciones de este tipo tienen un mérito innegable, y otras responden
a directivas más bien amargas, de puro marketing. Se impone la necesidad
de un proceso de investigación selectiva por parte del comprador. Hay empresas
que desarrollan sistemas tanto con esta filosofía como con la de "alta fidelidad
de excepción", por lo que se produce un fenómeno de feedback muy fructífero
que beneficia a ambas tendencias. |
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No es raro que algunos productos de alta fidelidad superen en prestaciones
a los de Hi End: es entonces que se convierten en "secretos iniciáticos"
que van de boca en boca entre los audiófilos más aguerridos. El diseño que
ostentan este tipo de equipos es, por regla general, más ergonómico y funcional
que el de sus hermanos mayores.
En ciertos sistemas Hi End se considera adecuada la falta de controles de
tono, de loops destinados a la grabación e, inclusive de llave de encendido:
algo así como un fórmula uno del audio, con un mínimo de comodidad y un
máximo de rendimiento. Aquí, en cambio, se busca una mejor interacción hombre-máquina.
Puede haber -o no- controles tonales o salidas de tape. |
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Los
aparatos de esta clase por lo general tienen dimensiones standard (el denominado
formato rack), aunque hay una tendencia cada vez mayor a reducir o aumentar
el tamaño. Lo primero sirve para imbuir al sistema de un halo "lifestyle"
o designer , a la par que se optimiza la ubicación ambiental. Y lo segundo,
o sea aumentar el tamaño, tiene como cometido sugerir una especie de pedigrí
Hi End. Trucos del oficio. |
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Dentro
de esta franja hay una variadísima cantidad de opciones y marcas. Desde
el atractivo minimalismo automatizado típico de la danesa Bang & Olufsen
(muy apreciado por diseñadores, yuppies y artistas) al esoterismo cuasi
Hi End de ciertas firmas americanas o inglesas. Es muy difícil detallar
marcas, debido a que algunas de ellas van impresas tanto en la fascia de
productos excelentes como en la de otros que se acercan peligrosamente al
poco codiciado status de "porquería".
Imaginen. Lo mejor de la producción japonesa suele verse en gamas especiales
desarrolladas por las casas más conocidas: Sony versión Elevated Standard
(ES), Pioneer Elite, Marantz o Technics en sus líneas top, Rotel, Luxman...
Eso no quita que algunos de los productos de la parte inferior del catálogo
sean excelentes: suelen ser los tapados del audio. Es cuestión de buscar,
porque desgraciadamente hay una renovación constante dictada por necesidades
de marketing que a veces son pueriles: una nueva lucecita, un cambio de
perillaje o un logo con mayor capacidad de convocatoria.
Los europeos y americanos suelen ser bastante más prolijos en esta cuestión,
por lo que los aparatos suelen producirse durante varios años consecutivos
sin cambio alguno. Asimismo, suelen evitar la dicotomía "gama baja-gama
alta"; suele existir una sola gama a través de la cual se va ascendiendo
sin que haya desmedro sino recategorización. |
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Los
sistemas son más compatibles. Un caso típico es la anglo Meridian: su lector
de CD más accesible es excelente; del tope de línea lo separa un orden de
magnitud no demasiado grosero. Ya que estamos en el Reino Unido, mencionaremos
otras marcas:en electrónica (amplificación, reproductores de CD, etc) Quad,
Linn, Arcam, NAD, Tag McLaren...
La variedad de altavoces es impresionante: B&W, Spendor, Tannoy, Kef, entre
otras. Vale destacar que algunos de los productos de estas empresas entran
de lleno en la categoría "de excepción". Por lo general, el diseño industrial
británico es impecable. No es raro encontrarse con ejercicios de avant garde,
ni tampoco con ejemplares de tradición más rancia cuyo aspecto se ha mantenido
incólume durante añares.
Con el resto de la firmas norteamericanas y europeas ocurre algo similar.
Se mueven con libertad y responsabilidad, pese a la diferencia de enfoques.
Pongamos el caso de la muy francesa Micromega (inteligentísimo nombre y
excelente logo): sus diseños son sanamente minimalistas y de una ergonomía
coherente. En E.E. U.U. Aragon y Adcom, entre otras, poseen una idiosincracia
particular que se plasma en esquemas industriales muy atractivos.
El subsuelo, azote de nuestros oídos |
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Hay
una gama baja del audio. Se la ve en todas partes. Algunos productos conservan
aún en líneas y prestaciones un mínimo de decencia y pretensión, por lo
que en caso de morir les correspondería el purgatorio. Otros son directamente
horrendos; su popularidad causa alarma, pues son elegidos por cierto público
que podría aspirar a una mejor solución a la hora de escuchar música. Es
el típico mini o midi oriental facetado y extravagante, dotado de doce parlantes
gritones y de un millar de luces que sirven para poca cosa.
El diseño industrial es deplorable, popular en el peor sentido: fantasía
de animación japonesa exacerbada por el consumo de cannabis. El sonido suele
ser pirotécnico y sandunguero, gentileza de la miríada de bass boosters,
ecualizadores y procesadores que los acompaña. Por lo común la gente suele
asociar estos chiches con "alta tecnología", sin saber que los microchips
utilizados para dar forma a cualquiera de esos inventos cuestan centavos
y son nefastos para la calidad de sonido. Hay mucho de truco de los espejos
en todo esto; vulgaridad de entertainment y de parque de diversiones. Pero
así son las cosas. Para esta clase de productos... ¡el Hades!. |
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©
2000 Federico Moreno, Martín Eito. Todos los derechos reservados. |
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